Home » Consultoría » ¿Sabes dónde reside tu valor como profesional?

Trata de responder a esta pregunta: “A ti, ¿por qué te valoran como profesional?” Seguro que tu sonrisa es muy valorada y tu sentido del humor más, pero no me refiero a eso, hablo de tu valor como profesional, de aquellas funciones que de entre todas las que realizas, son las que te hacen único e irremplazable a los ojos de tu organización. De aquellas tareas que marcan la diferencia entre tú y el resto. De aquello por lo que la organización está dispuesta a pagarte más que a tus compañeros. De aquello que sabes que es tu arma de negociación.

¿Te has parado a pensarlo alguna vez? Quizá eres de los afortunados que recibe un feed-back frecuente sobre este punto y has tenido la oportunidad de focalizarte en potenciarlo más. Pero si no ha sido así, seguramente te sientas identificado con alguna de las siguientes situaciones que a continuación describimos.

  • Hay muchos profesionales que desempeñan tareas que realizan desde la “Trampa de la actividad”. Este fenómeno consiste en trabajar por la propia inercia de estar ocupado sin un objetivo claro. Piensa en una rueda y un hámster. Se produce cuando la persona no tiene claro sus objetivos y aún está en fase de “querer hacer cosas”, aún está motivado por la visión que tiene de sí mismo como profesional en el medio plazo. Pone su énfasis en ir haciendo, pero ese camino es circular, le conduce siempre al mismo punto en el que está ya que no hay una meta clara a la que dirigirse. La sensación de estar ocupado baja su nivel de ansiedad o de estrés ante la falta de horizonte. Es una trampa mental que acaba cayendo por su propio peso. Dentro de la “Trampa de la actividad” también está el caso de aquellos que tienen fuertemente arraigada la creencia de que la actividad frenética es sinónimo de productividad y por contrapartida, la reflexión y la parada es totalmente improductivo. En estos casos, hay un estrés alto ya que no hay una parada para “afilar la sierra” y serrar todo el tiempo cada vez resulta más y más agotador por razones obvias… y desde el agotamiento, los niveles de productividad y eficiencia son menores.

 

  • Por otro lado, están aquellos que ejecutan sus tareas sin saber qué es lo realmente importante. No se paran a pensar “para qué hacen lo que hacen” simplemente se quedan en el “porqué lo hacen”. La diferencia entre el “para” y el “por qué” radica entre trabajar con una finalidad de manera proactiva (para qué) versus trabajar por impulsos de manera reactiva al entorno (por qué).
    Te pongo un ejemplo: Si le preguntas a alguien “¿Por qué haces ese informe?” Puede que su respuesta sea algo así como “Lo hago porque me lo ha pedido el Sr.Z; es muy urgente”. Pero si le preguntas “¿Para qué haces ese informe?” Puede que entonces su respuesta sea más reflexionada: “Para que el Sr.Z pueda ver los estados de situación del último trimestre antes de tomar una decisión sobre la inversión que quiere hacer la empresa en la adquisición de una nueva planta productora”.Hacer esta reflexión supone que la persona pueda hilar mucho más fino en sus tareas diarias. Le podrá poner un valor añadido a muchas de las cosas que hace, es decir, no solo hará el informe porque se lo piden, podrá atreverse a arriesgar y extraer más información de utilidad al “para qué”, incluso podrá atreverse a hacer una interpretación de la información. Si nos habituamos a pensar siempre desde el para qué, trabajaremos más focalizados ya que sabremos qué es lo realmente importante de la situación que tenemos delante y no invertiremos tiempo en aquello que no suma. Saber dónde reside el valor de las cosas es como tener una llave maestra: podremos abrir muchas puertas diferentes que nos encontremos en el camino.

 

  • Otra situación habitual que nos encontramos en las organizaciones es el “puesto a la carta”. Son aquellos puestos que por falta de definición o concreción por parte del responsable de área, ha ido siendo configurado por el propio trabajador. En estos casos, la persona corre el riesgo de no ser valorada por ninguna tarea en particular que esté realizando, puede resultar demasiado dispersa su actividad y ser percibida o bien como “nadie sabe lo que hace” o bien como “díselo a fulanito que hace un poco de todo (e implícitamente, mucho de nada)”. Estos puestos tienden convertirse en puestos de back-office o de soporte a otros.  Si es tu caso, busca en qué puedes hacer un aporte extra a fin de ser valorado por ello.
    Por último, otra situación que da lugar a que no sepamos dónde radica nuestro valor como profesional, es la ausencia de definición de procesos en la empresa. Es muy habitual ver que personas que ocupan el mismo puesto, trabajan de manera muy diferente y que la coordinación entre áreas es o inexistente o de mala calidad.

Si tras esta lectura, tienes la sensación de estar algo desenfocado respecto a cómo estás siendo percibido como profesional o respecto a tu posición dentro de tu organización, te dejo algunas preguntas con el objetivo de que te sirvan para reenfocarte:

  • Desde una perspectiva funcional:
    • ¿De qué procesos clave formo yo parte?
    • ¿Qué valor le estoy aportando a este proceso?
    • ¿Cómo puedo mejorarlo?
  • Y desde una perspectiva más personal:
    • ¿Para qué me están pagando?
    • ¿Cuál es el retorno que esperan de mí?
    • ¿Cómo podría superar esas expectativas?

Pide feedback a aquellas personas cuya opinión valoras y cuya opinión puede servirte para reenfocarte como profesional. Reflexiona sobre ese feed-back. Diseña una visión sobre cómo quieres ser percibido como profesional, márcate 2 objetivos y define dos indicadores que te sirvan para saber si lo estás logrando.


Consultora de Organización de Seidor
Licenciada en Derecho, Postgrado en coaching ejecutivo y personal por la Barcelona School of Management y profesora colaboradora, International MBA por IEDE, Master en gestión de RRHH en CEREM, Master en asesoría fiscal y tributaria por CEF y más de 10 años de experiencia en consultoría.

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